Charles Baudelaire

Biografía del poeta maldito

"El culto a las imágenes, mi gran, mi única, mi primitiva pasión."

Charles Baudelaire

Charles Baudelaire · 1821—1867

En el fondo, los franceses desprecian a aquellos autores que la escuela y la tradición les presentan como modelos sublimes. En cambio, se complacen en exaltar los defectos y miserias de aquellos que, como yo, son en verdad adorados. Cuando hablan de mí, críticos y maestros no me perdonan ninguna de mis desventuras, andanzas y vicios: la difícil infancia, la bohemia estudiantil, las prostitutas, los apuros económicos y las poses de dandi. Parece ser que no hay modo de justificar el genio sino por la debilidad o las manías; como si el artista no pudiese ser tal sino por causas reprobables. Mis flores del mal son consideradas una lectura para degenerados. Gautier, en su Rapport, ya advertía que mis flores eran venenosas; allá aquel que se atreviera a olerlas. El artículo de Le Figaro, que encendió la mecha del proceso de censura, hablaba de fango, podredumbre, inmundicia, impudicia y lascivia. Me silenciaron impunemente.

Desde la adolescencia supe que quería ser escritor. Sin embargo, me matriculé en la facultad de derecho. Pero no por estar matriculado, la vocación llegó a mí. No iba mucho a clase. Dedicaba mis días a la bohemia galante del barrio latino, en compañía de la noche encantadora, amiga del criminal.

Mi iniciación sexual fue, como era la regla entonces, asunto de prostitutas. Tuve que pagar por ello el altísimo precio de la sífilis.

La mujer que más me marcó fue La Louchette (Sarah, la bizca); la primera Venus tenebrosa, repugnante y atractiva a la vez. ¡La irregularidad, lo inesperado, la sorpresa o el estupor, son elementos esenciales y característicos de la belleza!

Mi familia, asustada por el estilo de vida que llevaba, decidió enviarme a probar fortuna a Oriente. Mi padrastro, Aupick, pensó que podría convertirme en un rico negociante. Pero la vocación y la capacidad para dedicarme a los negocios coloniales tampoco llegaron. El viaje a la isla Mauricio fue prácticamente el único viaje importante que realicé. Soy un hombre de ciudad, más aún de París, soy el poeta de la ciudad moderna.

La isla Mauricio fue un viaje de reconocimiento. Mi encuentro con la señora Autard de Bragard fue sobre todo el eco lejano de aquellas Venus parisinas. Aquella mujer significó que mis gustos no eran tan pecaminosos. Así, el viaje a la isla Mauricio no fue una búsqueda, sino la ocasión de poder identificar unas necesidades íntimas que pronto Jeanne Duval iba a satisfacer.

Las Flores del Mal, un poemario que no ha sido escrito para mis mujeres, mis hijas o mis hermanas. No hay que confundir las buenas acciones con el lenguaje bello. Sé que el amante apasionado del bello estilo se expone al odio de las multitudes; pero ningún respeto humano, ningún falso pudor, ninguna coalición, ningún sufragio universal podrán obligarme a hablar la jerga incomprensible de este siglo, ni a confundir la tinta con la virtud.

Ilustres poetas, hace tiempo que se repartieron las provincias más florecientes del terreno poético. Me ha complacido, y tanto más cuanto la tarea presentaba crecientes dificultades, extraer la belleza del mal.

Llevé Las Flores del Mal a un editor que gozaba de mala fama porque publicaba libros atrevidos. Otros editores lo rechazaron con horror, fue perseguido y mutilado en 1857.

Después de la publicación y censura de mis flores del mal, mucha gente se volvió, con una cándida curiosidad, alrededor del autor. Todos esos canallas me han tomado por un monstruo, y cuando vieron que yo era frío, moderado, educado y tenía horror de los librepensadores y de toda la estupidez moderna, decretaron que yo no era el autor de mi libro. ¡Qué confusión cómica entre el autor y el tema! Ese maldito libro, del que estoy muy orgulloso, es pues muy oscuro. Llevaré por mucho tiempo la pena de haber osado pintar el mal con algún talento.

Charles Baudelaire

La cronología de un maldito

De la cuna a la tumba — y más allá

Desplázate por la línea del tiempo

1821

Nace el poeta

Charles-Pierre Baudelaire nace el 9 de abril en París, en la calle Hautefeuille. Su padre, Joseph-François, tiene 62 años: ex sacerdote convertido en funcionario, pintor aficionado y amante de las artes. El niño crece entre grabados y cuadros.

1827

El primer duelo

Muere su padre; Charles tiene seis años. Recordará ese año como "el más dulce de su vida" — el último antes de que todo empezara a perderse.

1828

El muro Aupick

Su madre se casa con Jacques Aupick, militar austero que llegará a embajador y senador del Imperio. El general jamás comprenderá al poeta: sobre esa figura descargará Baudelaire todos sus resentimientos.

1831

Destierro en Lyon

El general es destinado a Lyon y Charles es internado en el Collège royal: su primer exilio parisino. Entre maltratos de compañeros y lecturas clandestinas nace el dandi que pronto brillará en el Barrio Latino.

1839

Expulsado por lealtad

bizarro

Es expulsado del Lycée Louis-le-Grand por negarse a delatar a un compañero que le pasó una nota. Un pequeño acto de rebeldía que anticipa al poeta: nunca será un delator.

1840

La bohemia y el precio

Estudios de derecho sin vocación en el Barrio Latino: cafés, deudas, prostitutas. Contrae la sífilis, "el altísimo precio" de su iniciación sexual, que lo perseguirá toda la vida.

1841

Escapada a Oriente

Su familia lo embarca hacia Calcuta para "enderezarlo". Una tormenta y su genio indomable lo retienen en la isla Mauricio y en Reunión, donde conoce a la señora Autard de Bragard, primera musa tropical. Regresa sin fortuna negociada, con exotismo en la retina y el mar en los nervios.

1842

La herencia y la Venus negra

Al alcanzar la mayoría de edad hereda la fortuna de su padre: unos 100.000 francos. Ese mismo año conoce a Jeanne Duval, la "Venus negra", actriz mestiza que será su musa más letal y su pasión de veinte años.

1844

Bajo tutela judicial

Tras dilapidar casi la mitad de la herencia en ropa, muebles, amantes y libros, su familia le impone un consejo judicial que administrará su dinero de por vida. Humillación que jamás perdonará.

1845

El crítico salvaje

Publica reseñas feroces de los Salones de pintura: defiende a Delacroix y proclama la belleza de lo moderno. Ese mismo año intenta suicidarse: se hiere el pecho y escribe a su madre una carta de despedida que nunca llegará a enviar.

1848

El poeta en las barricadas

política

Revolución de febrero: cae la monarquía de Luis Felipe. Baudelaire, de veintisiete años, participa en las barricadas y redacta artículos incendiarios. Se jactará después de haber gritado por las calles de París: "¡Hay que fusilar a Aupick!", es decir, a su propio padrastro.

1851

La desilusión

política

Golpe de Estado de Luis Napoleón Bonaparte, que un año después se proclamará emperador Napoleón III. Baudelaire renuncia para siempre a la política activa: la traición del nuevo César le parece la confirmación de la estupidez universal.

1852

El hermano yanqui

Descubre a Edgar Allan Poe en traducción: encuentra en el oscuro genio de Boston un hermano de sangre. Durante trece años lo traducirá y comentará con la devoción de un ahijado.

1855

La Exposición Universal

cultura

París exhibe las maravillas de la industria moderna en los Campos Elíseos. Baudelaire aprende a mirar la multitud como un texto: nace el flâneur, el paseante que lee la ciudad como un libro. Publica sus primeros poemas en la Revue des deux mondes.

1857

Las flores del mal

Poulet-Malassis, un editor de mala fama, publica Les Fleurs du Mal: cien poemas sobre la belleza que florece del mal. Los editores "serios" lo habían rechazado con horror.

1857

El proceso

censura

Gustave Bourdin ataca el libro en Le Figaro: "fango, podredumbre, inmundicia". La justicia incoa proceso por ultraje a la moral pública y religiosa. Ese mismo año, la misma justicia absuelve a Flaubert por Madame Bovary: Baudelaire no correrá con la misma suerte.

1857

La condena

censura

20 de agosto: multa de 300 francos y retirada de seis poemas ("Lesbos", "Las mujeres condenadas", "El Leteo", "A la que será demasiado alegre", "Las joyas", "Las metamorfosis del vampiro"). Las flores quedan amputadas. "Llevaré por mucho tiempo la pena de haber osado pintar el mal con algún talento."

1860

Los paraísos artificiales

Publica su crónica del hachís y del opio. Su moraleja es sobria: la verdadera expansión del espíritu no necesita drogas; el poeta busca el éxtasis dentro de sí.

1861

Candidato a la Academia

bizarro

Publica la segunda edición de Las flores del mal, con poemas nuevos, y — en un gesto digno de su ironía más negra — presenta su candidatura a la Academia Francesa. Vaticina que jamás lo recibirán; se retirará al año siguiente sin pronunciar discurso alguno.

1863

El pintor de la vida moderna

cultura

Define la modernidad: "Lo transitorio, lo fugaz, lo contingente: la mitad del arte; la otra mitad es lo eterno y lo inmutable." Mientras tanto, el barón Haussmann demuele y rehace París: el poeta de la ciudad moderna mira crecer los bulevares entre escombros.

1864

Bruselas

Se exilia a Bélgica buscando fortuna dando conferencias y negociando ediciones. Todo fracasa: los editores huyen y la salud se derrumba. Sus cartas se vuelven cada vez más negras.

1866

La caída

bizarro

Unos jóvenes poetas belgas le rinden homenaje publicando sus poemas: el ministerio público local abre otro proceso por ultraje. Semanas después, Baudelaire se desploma en Namur, ante un altar, con hemiplejía: medio cuerpo paralizado. Su madre lo repatria en un vagón de ferrocarril acondicionado como celda.

1867

La muerte del poeta

31 de agosto: muere en París, en brazos de su madre, tras más de un año de silencio (la afasia le había robado la palabra). Tenía 46 años. Es enterrado en el cementerio de Montparnasse; apenas un puñado de deudos lo acompaña. París casi no lo nota.

1868

La posteridad comienza

Se publican póstumamente sus Obras completas y, en 1869, El spleen de París, sus pequeños poemas en prosa. Los jóvenes poetas ya lo leen como a un maestro.

1871

El rey de los poetas

cultura

Un muchacho de dieciséis años, Arthur Rimbaud, escribe desde su pueblo: "Baudelaire es el primer vidente, rey de los poetas, un verdadero dios". De esa estirpe nacerán el simbolismo y buena parte de la poesía moderna.

1949

La absolución

justicia

11 de mayo: noventa y dos años después del veredicto, la justicia francesa anula la condena de 1857. Los seis poemas "condenados" quedan rehabilitados y Las flores del mal puede por fin publicarse íntegro en Francia. Baudelaire es absuelto; la moral de su siglo, no.

Hoy

El poeta maldito

De Verlaine — que acuñó la expresión "poetas malditos" — a T.S. Eliot, de los surrealistas al rock y al cine: la figura que él encarnó es hoy universal. Y sus flores siguen floreciendo, ahora también en esta edición multisensorial.